sábado, 19 de diciembre de 2015

"Te vamos a enseñar a robar"

Al principio puede ser que caiga una simple gota.
Sutil. Solitaria. Absolutamente insignificante, incapaz de modificar nada.

Al rato, puede ser que caigan dos.
Después diez. Después un litro, cien o un millón
y todo se convierta
en una extraordinaria catarata que lo arrase todo.

Así, algunas veces, comienzan las cosas.

Todo comenzó con una trafic acercándose lentamente por Av. Coronel Diaz,
una fresca mañana de primavera, mientras el aroma a minutas que exhalaban los bares
anunciaba que faltaba poco para el medio día.
El vehículo se detuvo en la intersección con Güemes.

Al abrirse la puerta corrediza de la trafic,
se deslizaban lentamente, intentando posarse sobre la vereda,
un par de piernas perfectas, cuyo color de tacos aguja coincidía
con el de la apretada minifalda.

Una diosa salida de las pasarelas de Paris luciendo
un sensual y glamoroso trajecito celeste.

Dejarse desabrochados dos botones de la camisa,
profundizando el escote, formaba parte de un estudiado manual de instrucciones.

Y así, lentamente, otras diosas con variadas tonalidades de piel y cabello
fueron descendiendo de la trafic hasta formar un equipo de diez.

Inmediatamente, bajaron dos tipos que parecían ser asistentes.
Todos atentos a un tercero, quién, con carpeta en mano
y un handy pegado permanentemente al oído, daba las órdenes.

A cada una de las promotoras se les entregó una pila de tarjetas que repartirían entre la gente.
Todo estaba listo para dar inicio al operativo.

Las conversaciones de los que estaban sentados en la vereda de los bares cercanos
dejaron de referirse a sus temas particulares para centrarse en el espectáculo
de las “modelos” paseándose por la avenida.
Más de uno desperdició su café dejándolo enfriar.

Mientras el coordinador consultaba la hora mirando el handy,
les ordenaba a sus chicas que comenzara la acción.

El objetivo era contactar a los pibes que salían de los colegios secundarios de la zona.
Y cual león que selecciona su presa, la identifica, la sigue, la alcanza y la aparta de la manada,
cada promotora concentraba su visón en un estudiante que, solo o en manada,
transitara por las inmediaciones de la Av. Santa Fe.

El título de la tarjeta, del tamaño de un volante y de cartón duro, decía:
“TE VAMOS A ENSEÑAR A ROBAR”. En letras blancas, mayúsculas con fondo negro.
Al darla vuelta, se leía: “Porque cuando conozcas nuestra nueva forma de enseñar Matemáticas,
vas a aprobar por afano”. Y más abajo el logo del “Instituto de Matemáticas Mileto”.

Cada estudiante recibió una tarjeta
y en poco menos de 15 minutos ya se habían agotado.

Satisfechos con la misión cumplida, todo el equipo comenzó a subir a la trafic.

Como quien pretende separarla de la manada,
la voz de un chico detiene el andar de una promotora obligándola a darse vuelta.

-Hola! –Dijo Lucas, el “Harry Potter” de la clase, un cuerpo tan pequeño
y una mente tan enorme con tan sólo 12 años.

-Hola! –Respondió Marianela, una rubia de mirar de esmeralda
cuya estatura la obligaba a agacharse, casi inconscientemente,
cada vez que hablaba con un chico.

- Así que ustedes me podrían enseñar a robar? –Preguntó Lucas,
casi seguro de que su presa estaba próxima a caer
porque él había decidido apropiarse del rol del león.

- Y vos qué querés robar? -Indagó Marianela,
envuelta en su más dulce sonrisa maternal.

-Tu corazón! –Fue la respuesta.

La trafic se alejó del lugar perdiéndose
en un océano de autos llevados por la onda verde.

Y en una de las mesas de Pizza Donna,
charlaban -licuado de banana mediante-
un pequeño e incipiente conquistador
y una deslumbrante “modelo” salida de las pasarelas de París.


No hay comentarios:

Publicar un comentario