martes, 1 de diciembre de 2015

"Vía de escape frente a la muerte"

Mañana fría en Buenos Aires. 
El café me sienta oportuno, desperezando lentamente los sentidos que reciben el comienzo de un nuevo día, perfumado con aroma de medialunas frescas, en la mesa de un bar de la avenida San Juan. 
El humito que exhala mi taza serpentea frente a mis ojos, mientras miro la tele clavada eternamente en TN. 
De repente, una noticia sale de la pantalla para materializarse en forma de lanza contundente que se clava en mi pecho: "Toda una familia murió carbonizada al incendiarse la casa que habitaban en el barrio de Villa Devoto. Al llegar los bomberos, pudieron comprobar la presencia de los cuerpos pegados frente a la reja de una ventana que les impidió escapar de las llamas".
El contacto de mis labios con el café, ya congelado, me rescata de la parálisis con que me dejó la noticia. 
Como quien recibe una trompada para despertar de un shock, vuelvo a la realidad sintiendo que el tiempo apremia, que no puedo dejar pasar esta noticia como una más, y que tengo que hacer algo para que estas vidas que se fueron no se hayan ido en vano y sirvan para salvar a otras familias que pudieran estar en igual situación. 
Como siempre, en cada cruzada que me propongo atravesar, recurro a mi eterna salvadora en casos  de emergencia: Mariela.
-Hola David. ¿Qué pasó tan temprano? ¡No me asustes!
-Quedate tranquila, Mariela, que está todo bien. Sólo quería que me pases un dato.¿Vos te acordás del dueño de la fábrica de aberturas?
-¿El que le filmamos la publicidad en la playa?
-El mismo.
-Sí, ¿qué pasa?
-¿Me podrías pasar el número? Necesito ubicarlo.
-Te lo estoy enviando por Whatsapp.

Armando Quinteros es el sucesor en una fábrica de aberturas que heredó de su padre. Hablamos el mismo idioma. Compartimos la misma visión de los negocios estimulados por la creatividad. De ahí que fue el primero, entre sus competidores, en contratar una agencia de publicidad -en la que trabajo- para posicionar sus productos. Y no se equivocó.

En menos de media hora, estoy sentado en su oficina para comentarle mi proyecto que, para que sea factible, necesito transformarlo en una necesidad de mercado que su empresa "ya" está en condiciones de satisfacer.
-La cosa es muy simple, Armando -comienzo sabiendo que este empresario es un ferviente fanático de la efectividad sostenida por la simpleza-. La idea es comenzar a fabricar una ventana que tenga una reja incorporada, que se pueda abrir desde adentro apretando un botón. Las rejas protegen a la gente de cualquier peligro externo, pero ¿qué pasa si ese peligro viene del interior de la casa y la salida principal está bloqueada?
Armando parece estar bajo los efectos de un trance. Cual estatua del pensador, coloca su mano en el mentón dando inicio a su cadena de elucubraciones. Sé que está haciendo cálculos a la velocidad de la luz para confirmar si lo que le propongo es viable. Sé también que dentro de los próximos dos minutos tendré la respuesta.
-David ¿vos tuviste en cuenta que vamos a necesitar una nueva campaña publicitaria para comunicar este nuevo producto? -me sorprende con cierta inquietud. 
-Obvio, -le miento- está todo pensado.
-Entonces... ¡Hagámoslo! -me responde, con la felicidad de aquel que se prepara para ir a cobrar la lotería. 

Los días se suceden de manera vertiginosa. Y todo parece estar amparado bajo la prodigiosa luz de un milagro. La aprobación de los planos, la creación de los diseños, los primeros prototipos, los test de resistencia, la cadena de producción en serie, la campaña publicitaria.
Gracias a la gestión de funcionarios que trabajan en el Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI), la legislatura porteña aprueba que se declare obligatorio el uso de las nuevas ventanas con salida de emergencia en la construcción de los nuevos complejos habitacionales de Capital Federal.
Armando Quinteros gana todas las licitaciones para proveer de ventanas anti-incendio a todos los edificios de la administración pública, incluida la quinta presidencial.
Nuestra alegría es comparable a la satisfacción por haber ganado un mundial de fútbol. Siendo nosotros Maradona y Messi. 

De a poco, los frentes de las casas, se van tiñendo de rojo por la presencia de las rejas anti-incendio que comienzan a exhibirse en toda la ciudad.

Y así, se va cerrando el círculo que comenzó con una tragedia y que ahora promete dar solución a un problema que se puede prevenir, para no quedar atrapado bajo las garras del peligro.
En homenaje a esa familia y tantas otras que no pudieron salir.

-David!, David!. Despertate! Dale!, Despertate, rápido!!
-Eh? Qué pasa! Qué pasa!
-David, mi marido!! Pensé que iba a venir mañana y se adelantó un dia!. Vestite! Te tenés que ir ya!!
-Ya voy! Ya voy!
-Apurate que está entrando!
Encaro para la ventana y veo que a través de la cortina se dibujan los barrotes de una reja. Un escalofrío me recorre todo el cuerpo y, por un instante, pienso que son mis últimos segundos de vida. Corro la cortina y el logo de "Industrias Quinteros", grabado en el botón de destrabe de la reja, me rescata de tan terrible pesadilla.

Ya alejado de la zona de conflicto, respiro nuevamente y le pido a Dios que haga que se coloquen estas rejas en todas las ventanas del mundo. No sé cuántas vidas van a salvar, pero por ahora, es más que suficiente con que hayan salvado la mía.



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