pierde la mágica razón de ser vivida
y mil demonios empujan a la mente
al precipicio que antecede a la caída.
.
Fue en ese instante en que tan sólo se entiende
que es preciso encontrar una salida
que anestesie el dolor que, lentamente,
se revuelve, sin piedad, en cada herida.
.
Fue en ese instante en que, inexorablemente,
cual capitán de una fragata hundida,
busca un resguardo para que toda su gente
pueda salvarse y, luego, se suicida.
.
En ese instante se detuvo, de repente,
el disparo final de mi agonía
cuando tu mano se posó, cálidamente,
como un milagro de Dios, sobre la mía.

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