Quiso el destino ahogarte el alma herida,
atravesándola de lleno con su espada
para que de tu triste ser no quede nada
más que la crueldad mortal de estar con vida.
.
Pero supiste darle, al fin, la bienvenida
a la lucha tenaz, desesperada,
cuando entendiste que en cada encrucijada
se esconde, al mismo tiempo, la salida.
.
Por eso, hoy no te asusta la caída
que cuanto más veces repetida,
más te enseñó a seguir como si nada.
.
Porque hoy sabés que un alma acorralada,
si se atreve a la prueba superada,
se convierte en un alma bendecida.
Pero supiste darle, al fin, la bienvenida
a la lucha tenaz, desesperada,
cuando entendiste que en cada encrucijada
se esconde, al mismo tiempo, la salida.
.
Por eso, hoy no te asusta la caída
que cuanto más veces repetida,
más te enseñó a seguir como si nada.
.
Porque hoy sabés que un alma acorralada,
si se atreve a la prueba superada,
se convierte en un alma bendecida.
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