Esa mañana en particular, Mariana no tenía fuertes motivos para salir a limpiar parabrisas. Sin embargo sabía que en breve tendría que levantarse para no tener que soportar las protestas de su "socia y amiga" Grisel quien se ponía pesada cuando la encontraba durmiendo.
-¡Mariana! -la sorprendió Grisel, asumiendo su acostumbrado rol de madre mandona- ¿todavía seguís en la cama?
-Hoy no tengo ganas de salir -sentenció Mariana, con voz deprimida.
-¡Nada de bajones! - ordenó Grisel, mientras abría la ventana para que entrara el sol-. Hoy te necesito más que nunca, Mariana. Hoy tenemos que juntar más que otras veces. Porque vamos a festejar la navidad como nos lo merecemos.
- ¿Y cómo vamos a hacer?
- Sonriendo.
- ¿Qué?
- Sonriendo. Y te explico cómo: ¿Cómo estarías si al finalizar el día nuestro tarro de recaudación estuviese repleto?
- ¡Saltaría en una pata! -respondió Mariana, al mismo tiempo que saltaba de la cama.
- Bueno, eso es precisamente lo que vamos a hacer. Vamos a limpiar parabrisas imaginando que lo que juntamos superó todos los records. Y lo vamos a vivir por anticipado. Sintiéndonos súper felices. Como si ya lo hubiésemos logrado.
- Grisel ¿vos estás bien?
- Vos haceme caso, Mariana. Y lo vas a ver.
Ese día fue largo y extenuante. El calor del sol pegando en el asfalto hacía el aire irrespirable.
Y aunque las dos amigas lucían desalineadas y empapadas en sudor, la transparencia de sus sonrisas invitaban a los automovilistas a dejarse limpiar los vidrios, como si en ese acto se dejaran limpiar también las culpas que cada uno escondía en su corazón.
Al caer la tarde, la luz del sol se terminaba y la jornada laboral también. Casi sin fuerzas, Mariana y Grisel cayeron rendidas sobre el cordón de la avenida, pero custodiando un tarro desbordado de billetes.
Mariana no podía creer que se cumpliera lo que a la mañana era una profecía. Y Grisel había encontrado el secreto para hacer que la vida, de ahora en más, comenzara a ser la manifestación de su desprejuiciada y poderosa fe.
jueves, 26 de diciembre de 2019
lunes, 7 de octubre de 2019
¡Adiós excusas!
Cada vez que vencemos ese poder extraordinario que son las excusas para no hacer algo que nos beneficie -y me lo digo fundamentalmente a mí- estamos conquistando nuestra libertad.
Sabemos que nuestra mente no estará de acuerdo con algunos cambios de hábitos y por eso sabotea permanentemente nuestros planes de superación. Pero si perseveramos, día a día, en convencer a nuestra mente de que esos nuevos hábitos serán para que estemos bien, ella terminará aceptando nuestra decisión. Y no sólo eso: será la primera en reconocer lo bien que estamos desde que implementamos esa nueva forma de pensar. Así que la clave estará en la repetición perseverante de nuestros nuevos hábitos para que la mente inconsciente, con el correr de los meses, los tome como propios.
Sabemos que nuestra mente no estará de acuerdo con algunos cambios de hábitos y por eso sabotea permanentemente nuestros planes de superación. Pero si perseveramos, día a día, en convencer a nuestra mente de que esos nuevos hábitos serán para que estemos bien, ella terminará aceptando nuestra decisión. Y no sólo eso: será la primera en reconocer lo bien que estamos desde que implementamos esa nueva forma de pensar. Así que la clave estará en la repetición perseverante de nuestros nuevos hábitos para que la mente inconsciente, con el correr de los meses, los tome como propios.
martes, 11 de junio de 2019
"No lo cuentes".
No le cuentes a nadie
que una noche de luna,
el fulgor de una estrella
te alumbró el corazón.
Y de lo más profundo,
del fondo de tu pecho
brotó una fuerza inmensa
de alegría y pasión.
No le cuentes a nadie
que a partir de ese instante
apareció un camino
que nadie te mostró.
Y encendiendo la llama
que porta el caminante
se inició tu destino
de gran conquistador.
No le cuentes a nadie
que buscando el tesoro
de tierra prometida,
de paz y bendición,
te enfrentaste con miedo
a terribles peligros
de los cuales, airoso,
saliste vencedor.
No le cuentes a nadie
que obtuviste la llave
que abre ese tesoro
que Dios te prometió.
Porque nadie creería
que la puerta más fuerte
cede ante la sublime
presencia del amor.
que una noche de luna,
el fulgor de una estrella
te alumbró el corazón.
Y de lo más profundo,
del fondo de tu pecho
brotó una fuerza inmensa
de alegría y pasión.
No le cuentes a nadie
que a partir de ese instante
apareció un camino
que nadie te mostró.
Y encendiendo la llama
que porta el caminante
se inició tu destino
de gran conquistador.
No le cuentes a nadie
que buscando el tesoro
de tierra prometida,
de paz y bendición,
te enfrentaste con miedo
a terribles peligros
de los cuales, airoso,
saliste vencedor.
No le cuentes a nadie
que obtuviste la llave
que abre ese tesoro
que Dios te prometió.
Porque nadie creería
que la puerta más fuerte
cede ante la sublime
presencia del amor.
miércoles, 5 de junio de 2019
"El Cristo de las carreteras".
Cuando la tarde caía
y el sol se volvía nada,
mi aliento se consumía
y mi vida se apagaba.
Nadie pasó para verlo,
nadie detuvo su marcha,
sólo me acunó el silencio
acariciándome el alma.
Las heridas del naufragio
dibujaron una mancha
de rojo punzó en el suelo
para que eterna quedara,
y transcurrida en el tiempo,
mi espíritu no olvidara
que alli se esfumó mi vida
como si nada pasara.
Cuando la tarde caía
y el sol se volvía nada,
de pronto, una luz del cielo
descendió sobre mi cara.
El "Cristo de Carreteras"
desérticas y olvidadas
me tomó fuerte en sus brazos,
para que no desmayara.
Y soltándome el remedio
de Su Bendita Palabra,
me dijo, suave, "no temas,
que sano estás por mis llagas".
Poco a poco fue ascendiendo
y, antes de que se alejara,
Su voz susurró en el viento:
"Levántate pronto y anda".
Le pedí que no se fuera,
que nunca más me dejara
y en mí se quedó viviendo
como si fuese en su casa.
Y cada vez que me encuentro
en la misma encrucijada
de recorrer carreteras
desérticas y olvidadas,
sé que Él camina conmigo
a donde quiera que vaya
desde que tocó mi pecho
para que resucitara,
y el sol se volvía nada,
mi aliento se consumía
y mi vida se apagaba.
Nadie pasó para verlo,
nadie detuvo su marcha,
sólo me acunó el silencio
acariciándome el alma.
Las heridas del naufragio
dibujaron una mancha
de rojo punzó en el suelo
para que eterna quedara,
y transcurrida en el tiempo,
mi espíritu no olvidara
que alli se esfumó mi vida
como si nada pasara.
Cuando la tarde caía
y el sol se volvía nada,
de pronto, una luz del cielo
descendió sobre mi cara.
El "Cristo de Carreteras"
desérticas y olvidadas
me tomó fuerte en sus brazos,
para que no desmayara.
Y soltándome el remedio
de Su Bendita Palabra,
me dijo, suave, "no temas,
que sano estás por mis llagas".
Poco a poco fue ascendiendo
y, antes de que se alejara,
Su voz susurró en el viento:
"Levántate pronto y anda".
Le pedí que no se fuera,
que nunca más me dejara
y en mí se quedó viviendo
como si fuese en su casa.
Y cada vez que me encuentro
en la misma encrucijada
de recorrer carreteras
desérticas y olvidadas,
sé que Él camina conmigo
a donde quiera que vaya
desde que tocó mi pecho
para que resucitara,
iluminándome el alma
martes, 4 de junio de 2019
"Te encontré".
Me dijeron que no me animara,
que es casi imposible.
Me dijeron que si lo intentaba,
sería peor.
Me dijeron que ya me olvidara
de querer ser libre.
Me dijeron que me acostumbrara
al sabor del dolor.
Pero un día desperté llorando
y comencé a decirme
que tendría que tomar las riendas
de una decisión.
Y aferrándome a la luz de un sueño,
con el alma firme,
puse fijo el timón de mi vuelo
con rumbo hacia vos.
Y todo el tiempo te busqué
hasta que un día te encontré,
volando el aire perfumado
de tu cielo y de tu amor.
Y le agradezco a lo que fui
porque me trajo a lo que soy,
con una mano levantada
hoy le doy gracias a Dios.
Me dijeron que esperar milagros
no sería posible.
Me dijeron que olvidarlo todo
sería mejor.
Me dijeron que eso no se hace,
que eso no se dice.
Me dijeron que es tonto el anhelo
de mi corazón.
Pero un día decidí probarlo
y empecé por irme
de las voces que me rechazaban
por buscar tu amor.
Con destino a conquistar mi sueño
comencé a sentirme
la persona más feliz del mundo
buscándote a vos.
Y todo el tiempo te busqué
hasta que un día te encontré,
volando el aire perfumado
de tu cielo y de tu amor.
Y hoy
le agradezco a lo que fui
porque me trajo a lo que soy,
con una mano levantada
hoy le doy gracias a Dios.
que es casi imposible.
Me dijeron que si lo intentaba,
sería peor.
Me dijeron que ya me olvidara
de querer ser libre.
Me dijeron que me acostumbrara
al sabor del dolor.
Pero un día desperté llorando
y comencé a decirme
que tendría que tomar las riendas
de una decisión.
Y aferrándome a la luz de un sueño,
con el alma firme,
puse fijo el timón de mi vuelo
con rumbo hacia vos.
Y todo el tiempo te busqué
hasta que un día te encontré,
volando el aire perfumado
de tu cielo y de tu amor.
Y le agradezco a lo que fui
porque me trajo a lo que soy,
con una mano levantada
hoy le doy gracias a Dios.
Me dijeron que esperar milagros
no sería posible.
Me dijeron que olvidarlo todo
sería mejor.
Me dijeron que eso no se hace,
que eso no se dice.
Me dijeron que es tonto el anhelo
de mi corazón.
Pero un día decidí probarlo
y empecé por irme
de las voces que me rechazaban
por buscar tu amor.
Con destino a conquistar mi sueño
comencé a sentirme
la persona más feliz del mundo
buscándote a vos.
Y todo el tiempo te busqué
hasta que un día te encontré,
volando el aire perfumado
de tu cielo y de tu amor.
Y hoy
le agradezco a lo que fui
porque me trajo a lo que soy,
con una mano levantada
hoy le doy gracias a Dios.
lunes, 25 de marzo de 2019
"El primer paso".
- ¿Por qué llorás? -le preguntó mientras se sentaba a su lado, en el cordón de la vereda- Sos muy chico para estar a esta hora en la calle y de noche.
- Es que que cuando viene la noche, me viene el hambre -respondió el chico, tapándose la cara con las manos.
- ¿Vos sabías que para que haya día, es necesario que haya noche? ¿para que haya una rica comida, es necesario que haya ganas de comer? ¿y para que alguien venga a acompañarte, es necesario que vos estés solo?
- No.
- Bueno, el primer paso en esta relación es presentarnos. Me llamo Valeria Guglietti, ¿vos?.
- Me llamo Negrito. Y vivo solo, en la calle.
- Mirá Negrito. Cuando yo era chica, una noche me largué a llorar porque no quería que mi mamá apagara la vela con que nos alumbrábamos. La dejó encendida, al lado de mi cama y se fue a dormir. Y el primer paso para dejar de llorar, fue entretenerme con la sombra de mis manos proyectada en la pared.
A partir de ese momento, aprendí que siempre hay un primer paso para dejar de sentirnos tristes y empezar a sonreír. Gracias a esa noche, con la vela, hoy soy maestra de sombras chinescas. ¿Querés que te enseñe?
- ¡Si! -fue la respuesta entusiasmada de Negrito.
- Ok. El primer paso, para empezar, es secarte las lágrimas. ¡Tomá! -acercándole un pañuelo descartable-. La primera clase es simplemente proyectar las manos en la pared. Sosteneme la linterna. ¿Ves?. Así.
Todo lo demás, te lo enseño mañana. Y, como el prmer paso para comernos una rica cena, es tener hambre, ¿cuanto hambre tenés?
- ¡Un montonazo! Estalló Negrito, abriendo grande los brazos.
- ¡Muy bien! Entonces, el primer paso para ir a cenar, es elegir un buen lugar. ¿Vamos?.
- Es que que cuando viene la noche, me viene el hambre -respondió el chico, tapándose la cara con las manos.
- ¿Vos sabías que para que haya día, es necesario que haya noche? ¿para que haya una rica comida, es necesario que haya ganas de comer? ¿y para que alguien venga a acompañarte, es necesario que vos estés solo?
- No.
- Bueno, el primer paso en esta relación es presentarnos. Me llamo Valeria Guglietti, ¿vos?.
- Me llamo Negrito. Y vivo solo, en la calle.
- Mirá Negrito. Cuando yo era chica, una noche me largué a llorar porque no quería que mi mamá apagara la vela con que nos alumbrábamos. La dejó encendida, al lado de mi cama y se fue a dormir. Y el primer paso para dejar de llorar, fue entretenerme con la sombra de mis manos proyectada en la pared.
A partir de ese momento, aprendí que siempre hay un primer paso para dejar de sentirnos tristes y empezar a sonreír. Gracias a esa noche, con la vela, hoy soy maestra de sombras chinescas. ¿Querés que te enseñe?
- ¡Si! -fue la respuesta entusiasmada de Negrito.
- Ok. El primer paso, para empezar, es secarte las lágrimas. ¡Tomá! -acercándole un pañuelo descartable-. La primera clase es simplemente proyectar las manos en la pared. Sosteneme la linterna. ¿Ves?. Así.
Todo lo demás, te lo enseño mañana. Y, como el prmer paso para comernos una rica cena, es tener hambre, ¿cuanto hambre tenés?
- ¡Un montonazo! Estalló Negrito, abriendo grande los brazos.
- ¡Muy bien! Entonces, el primer paso para ir a cenar, es elegir un buen lugar. ¿Vamos?.
"Actividades nocturnas".
Encontrar un seudónimo que la llevara a tener un nombre ficticio en un mundo
irreal, no fue tan difícil para Sara, quien, combinando sus dos apellidos, asistió al nacimiento de un tercero.
Y, a partir de ése momento, pasó a llamarse "Sara Búho", que es como se la conoce en las redes.
Coincidentemente con su nueva identidad, Sara reconoció sentirse identificada con ése ave de actividades nocturnas y oscuro misterio, a la hora de satisfacer la imperiosa necesidad de escribir. Su producción poética, en franco crecimiento, así lo revela, aunque sus palabras callen más de lo que dicen.
La fotografia también forma parte de su recurso expresivo, como forma de gritar sus estados de ánimo convertidos en arte. Y después de imprimir los gemidos de su corazón en una libreta con renglones, perpetúa ése instante en una foto: un poema corto, escrito con su puño y letra, y la mano derecha como testimonio de que, detrás de cada frase, está siempre presente su ferviente humanidad.
"Mis manos son también protagonistas de mis produciones fotográficas porque nadie más que ellas aún conservan guardado el recuerdo exitante de ésa piel exótica y salvaje que alguna vez me habitó".
Y, como consecuencia inevitable de la presencia de sus manos, Sara Búho ilustra la portada de su libro, "La ataraxia del corazón", con una mano suspendida en el aire, mientras arroja flores de margaritas sobre una antigua máquina de escribir.
"Las margaritas siempre fueron mi oráculo para saber si el amor de alguien me pertenecía. Y al instante surgía un poema trasnochado cuando el último pétalo me decía que no".
Y, a partir de ése momento, pasó a llamarse "Sara Búho", que es como se la conoce en las redes.
Coincidentemente con su nueva identidad, Sara reconoció sentirse identificada con ése ave de actividades nocturnas y oscuro misterio, a la hora de satisfacer la imperiosa necesidad de escribir. Su producción poética, en franco crecimiento, así lo revela, aunque sus palabras callen más de lo que dicen.
La fotografia también forma parte de su recurso expresivo, como forma de gritar sus estados de ánimo convertidos en arte. Y después de imprimir los gemidos de su corazón en una libreta con renglones, perpetúa ése instante en una foto: un poema corto, escrito con su puño y letra, y la mano derecha como testimonio de que, detrás de cada frase, está siempre presente su ferviente humanidad.
"Mis manos son también protagonistas de mis produciones fotográficas porque nadie más que ellas aún conservan guardado el recuerdo exitante de ésa piel exótica y salvaje que alguna vez me habitó".
Y, como consecuencia inevitable de la presencia de sus manos, Sara Búho ilustra la portada de su libro, "La ataraxia del corazón", con una mano suspendida en el aire, mientras arroja flores de margaritas sobre una antigua máquina de escribir.
"Las margaritas siempre fueron mi oráculo para saber si el amor de alguien me pertenecía. Y al instante surgía un poema trasnochado cuando el último pétalo me decía que no".
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