lunes, 25 de marzo de 2019

"El primer paso".

- ¿Por qué llorás? -le preguntó mientras se sentaba a su lado, en el cordón de la vereda- Sos muy chico para estar a esta hora en la calle y de noche.
- Es que que cuando viene la noche, me viene el hambre -respondió el chico, tapándose la cara con las manos.
- ¿Vos sabías que para que haya día, es necesario que haya noche? ¿para que haya una rica comida, es necesario que haya ganas de comer? ¿y para que alguien venga a acompañarte, es necesario que vos estés solo?
- No.
- Bueno, el primer paso en esta relación es presentarnos. Me llamo Valeria Guglietti, ¿vos?.
- Me llamo Negrito. Y vivo solo, en la calle.
- Mirá Negrito. Cuando yo era chica, una noche me largué a llorar porque no quería que mi mamá apagara la vela con que nos alumbrábamos. La dejó encendida, al lado de mi cama y se fue a dormir. Y el primer paso para dejar de llorar, fue entretenerme con la sombra de mis manos proyectada en la pared. 
A partir de ese momento, aprendí que siempre hay un primer paso para dejar de sentirnos tristes y empezar a sonreír. Gracias a esa noche, con la vela, hoy soy maestra de sombras chinescas. ¿Querés que te enseñe?
- ¡Si! -fue la respuesta entusiasmada de Negrito.
- Ok. El primer paso, para empezar, es secarte las lágrimas. ¡Tomá! -acercándole un pañuelo descartable-. La primera clase es simplemente proyectar las manos en la pared. Sosteneme la linterna. ¿Ves?. Así. 
Todo lo demás, te lo enseño mañana. Y, como el prmer paso para comernos una rica cena, es tener hambre, ¿cuanto hambre tenés?
- ¡Un montonazo! Estalló Negrito, abriendo grande los brazos.
- ¡Muy bien! Entonces, el primer paso para ir a cenar, es elegir un buen lugar. ¿Vamos?.


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