Cuando sabemos exactamente lo que va a pasar, y pasa, nos alegramos de confirmar que al fin hemos entendido cómo funciona el mundo. Pero cuando lo impredecible se hace presente, surge la mágica vivacidad de lo inesperado, y el mundo, con sus aconteceres, nos vuelve a sorprender.
Scarlet Page es la hija del legendario Jimmy Page, en otros tiempos, pilar fundamental de "Led Zeppelin".
Su pasión por la fotografía la llevó a participar en exposiciones en donde el motivo central era la imagen de los mejores guitarrista de todo el mundo.
Este año expone en Buenos Aires y, para el diseño de su "afiche" promocional, eligió a alguien que no es su padre. Para sorpresa de todos, el afortunado es Paul Weller. Pero tampoco retrató su rostro, sino sus manos
Pretendiendo bucear en los confines de los pensamientos de Scarlet, a la hora de encontrarle un "porqué" a tal resolución estética, me encontré con un abanico de "tal vez" y se me ocurrió pensar en estos: Tal vez porque en las manos de Paul están representadas la vida, la obra, los éxitos y los fracasos de lo que con sus manos pudo ejecutar. Tal vez porque esas manos, envolviendo tiernamente a su guitarra, muestran al único matrimonio que con su instrumento pudo consolidar, sin interrupciones, a lo largo del tiempo. Tal vez, porque el sutil sonido de la guitarra sólo es posible crearlo cuando el silencio de las cuerdas se doblegan ante la caricia suave de esas manos.
Tal vez porque las manos de Paul Weller son las heroninas anónimas que construyeron su fama y nunca tuvieron la oportunidad de aparecer, al menos por una vez, en una tapa de la Rolling Stone.
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