Pero no la tengo. Y esa tarde, después de un viaje plagado adversidades que se oponían a que Negri llegara a su casa, finalmente, pudo depositar la ramita frente a una grieta que se colaba a través de un zócalo. Inmediatamente salieron a recibirla como veinte hormigas que se encargaron de hacer entrar la comida a los empujones. Y yo aprendí que cuando hay un propósito claro, un deseo ardiente de cumplir con una meta y una voluntad casi obsesiva por alcanzar lo deseado, nada, absolutamente nada puede detenerte. Negri pegó la vuelta y emprendió otra vez para el lado de las macetas que en su mundo estaban a varios kilómetros de distancia. La siguieron otras cinco hormigas más que cuando se juntaron, hizo que ya no pudiese distinguirla entre las demás y quedara sumida en el anonimato. Pero allí iba ella. Desafiante. Decidida. Sin premios ni reconocimientos. Impulsada únicamente por la satisfacción de hacer lo que se debe hacer, de una única manera: siempre excelente. Tal vez a Negri nunca la van distinguir con una medalla y una foto consagrándola como la hormiga del mes, pero hoy estoy seguro de que es la única hormiga en todo el hormiguero cuyo rostro es objeto de observación en las redes sociales.¿Quién dijo que los milagros no existen?
sábado, 20 de octubre de 2018
"Viaje exploratorio hacia el patio del fondo".
El día se manifestaba en todo su esplendor transcurriendo en una cálida tarde de sol. Después de almorzar y no pudiendo salir a caminar a ningún otro lado más que al patio del fondo, por prescripción médica, decidí que la observación de la naturaleza microscópica convertiría a ese espacio de dos por dos en una infinita llanura poblada de seres ignorados por la urgencia de la cotidianeidad. Sentarse en el piso es dar el primer paso para entender que para explorar ese universo habrá que estar dispuesto a sacrificar la pulcritud de la ropa y usar como apoyo la panza y los codos, si lo inesperado de los acontecimientos así lo requieren. Y, como si fuera yo un reportero gráfico que sale a buscar un elefante verde -y sorprendentemente, lo encuentra- también, de manera sorprendente, encontré mi "elefante". Una ramita seca, caminando sola, es lo primero que me llamó la atención. Me lancé al piso para confirmar que esa ramita no podía moverse por sí sola. Y me tranquilicé, con perversa satisfacción, cuando la realidad me mostró lo que para mí siempre fue una verdad absoluta: los milagros no existen. Era imposible que esa ramita se autopropulsara en el aire sin la intervención de alguien más. Y ahí la vi. Allí estaba. Una hormiga negra. De las que cada primavera se abastecen de las macetas de nuestro mínimo jardín. Ésta era una hormiga con carácter. Fuerte. Musculosa. Determinada. Concentrada en su misión. Cumpliendo con los designios de la Naturaleza. Inmutable frente a los obstáculos que dificultaban su marcha. Ciega ante todas las circunstancias que a cada rato le decían: "Con esa carga gigante no vas a llegar a tu agujero". El viento que remolineaba en el patio le volaba la ramita. Ella, sin desprenderse un segundo de su carga, volaba también unos cuantos centímetros más atrás para volverse a incorporar y empezar otra vez. Porque cuando hay una fuerza extraordinaria como el viento que puede jugar a nuestro favor, a veces, también nos sopla en contra. Después de avanzar con sacrificio poco más de un metro durante un tiempo del que perdí conciencia, mi hormiga se encontraba frente al desafío de escalar una piedra. Con semejante peso que superaba varias veces el suyo y un viento que amenazaba con aniquilar todo lo conseguido hasta hora, mi hormiga se paró frente a la piedra, respiró hondo y la encaró. Y digo "mi" hormiga porque a esta altura ya me había convertido en su fan número uno y empecé a alentarla. ¡¡Vamos Negri todavía!!. Por un momento tuve la tentación de correrle la piedra. Pero después pensé en la sabiduría de la Naturaleza: Y que Dios nunca carga más peso del que uno podría soportar. Y dejé que los hechos siguieran transcurriendo sin mi intervención. Aunque -pensé- si yo hubiese estado en esa situación, ¿me hubiese aliviado que desapareciera la piedra? ¡Obvio que sí! Ojalá tuviese yo una mínima parte del coraje, la determinación y la perseverancia que tiene Negri.
Pero no la tengo. Y esa tarde, después de un viaje plagado adversidades que se oponían a que Negri llegara a su casa, finalmente, pudo depositar la ramita frente a una grieta que se colaba a través de un zócalo. Inmediatamente salieron a recibirla como veinte hormigas que se encargaron de hacer entrar la comida a los empujones. Y yo aprendí que cuando hay un propósito claro, un deseo ardiente de cumplir con una meta y una voluntad casi obsesiva por alcanzar lo deseado, nada, absolutamente nada puede detenerte. Negri pegó la vuelta y emprendió otra vez para el lado de las macetas que en su mundo estaban a varios kilómetros de distancia. La siguieron otras cinco hormigas más que cuando se juntaron, hizo que ya no pudiese distinguirla entre las demás y quedara sumida en el anonimato. Pero allí iba ella. Desafiante. Decidida. Sin premios ni reconocimientos. Impulsada únicamente por la satisfacción de hacer lo que se debe hacer, de una única manera: siempre excelente. Tal vez a Negri nunca la van distinguir con una medalla y una foto consagrándola como la hormiga del mes, pero hoy estoy seguro de que es la única hormiga en todo el hormiguero cuyo rostro es objeto de observación en las redes sociales.¿Quién dijo que los milagros no existen?
Pero no la tengo. Y esa tarde, después de un viaje plagado adversidades que se oponían a que Negri llegara a su casa, finalmente, pudo depositar la ramita frente a una grieta que se colaba a través de un zócalo. Inmediatamente salieron a recibirla como veinte hormigas que se encargaron de hacer entrar la comida a los empujones. Y yo aprendí que cuando hay un propósito claro, un deseo ardiente de cumplir con una meta y una voluntad casi obsesiva por alcanzar lo deseado, nada, absolutamente nada puede detenerte. Negri pegó la vuelta y emprendió otra vez para el lado de las macetas que en su mundo estaban a varios kilómetros de distancia. La siguieron otras cinco hormigas más que cuando se juntaron, hizo que ya no pudiese distinguirla entre las demás y quedara sumida en el anonimato. Pero allí iba ella. Desafiante. Decidida. Sin premios ni reconocimientos. Impulsada únicamente por la satisfacción de hacer lo que se debe hacer, de una única manera: siempre excelente. Tal vez a Negri nunca la van distinguir con una medalla y una foto consagrándola como la hormiga del mes, pero hoy estoy seguro de que es la única hormiga en todo el hormiguero cuyo rostro es objeto de observación en las redes sociales.¿Quién dijo que los milagros no existen?
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