La multiplicación de los contagios se debió a dos causas: la primera, la virulencia con que crecía el virus una vez alojado en el cuerpo de las personas, algo nunca visto; la segunda, la desobediencia de la gente en cuanto a quedarse en casa cumpliendo con la cuarentena obligatoria impuesta por el gobierno de cada país.
Pero hubo un caso que llamó mucho la atención, cuando terminada la pandemia, en el pueblo petrolero de San Irineo, a 50 kilómetros al sur de la ciudad de Biglia, ningún habitante resultó alcanzado por el virus.
Cuando le consultaron al intendente del pueblo a qué se debía tanta "suerte", el funcionario dijo que había sido una estrategia de política urbana.
-¿Cómo es eso? -preguntó un periodista en conferencia de prensa.
-Les explico -respondió el intendente-. Como sabíamos que la cuarentena iba a ser sistemáticamente desobedecida, tuvimos que hacer correr la noticia de que un virus más fuerte estaba creciendo en las cocinas de cada casa, por lo que le pedíamos a la gente que se alejara de los focos de calor para evitar los contagios. Resultado: todo el mundo se reunía en las cocinas de sus hogares por el solo hecho de transgredir la regla y manifestar su rebeldía.
Cuando salí a hacer la recorrida, en vez de ver gente deambulando por la ví
La estrategia fue exitosa. A tal punto que San Irineo fue el único pueblo -en el mundo- en donde la pandemia no pudo entrar y siguió de largo.