El abogado defensor -con apenas unos meses de graduado- presentó ante el juez pruebas tan contundentes a favor de su cliente que le permitieron empezar a crecer en su autoconfianza, pronunciando un alegato final tan conmovedor como eficaz, confirmando firmemente que su defendido debía ser absuelto ya, de manera inmediata.
El padre del joven abogado -también abogado- presenciaba, expectante, el juicio. El derecho, más que una pasión, había sido un mandato familiar por generaciones.
El juez, absorto por lo abrumador de las evidencias, dictó su veredicto: "Se declara al acusado inocente".
A pesar de que la decisión del juez causó gran alegría, nadie festejó en la sala. Todos guardaron un respetuoso silencio, hasta que por un altavoz se oyó decir: ¡¡Corteen!! ¡¡Los actores quedan liberados!! ¡¡Película terminada!!
Ahora sí. Estallido estruendoso de aplausos y abrazos entre "el acusado" y "el juez".
El padre del defensor no entendía nada.
-¿Estábamos dentro de una película?-lo interrogó desconcertado.
-Si. -comfirmó el hijo, con vestigios de culpa-. Como te habrás dado cuenta, no soy el abogado que a vos te hubiese gustado que fuese, soy actor.
-Sin embargo sigo creyendo que sos un excelente abogado -respondió el padre, entre sorprendido y emocionado-. Y para que yo me creyese que estaba frente a un excelente abogado, tuviste que haber sido, antes, un extraordinario actor. Te felicito hijo. Lo hiciste increíblemente bien. Defendiste con garra tu vocación. ¡Dame un abrazo!
Esa noche hubo cena con actores. Y algunas selfies donde aparecían, abrazados, "el defensor", el padre del "defensor", "el acusado" y, obviamente, "el juez".

Las tapas de los diarios que mostraban en simultáneo lo más dramático del accidente, eran tan elocuentes como escalofriantes. Un camión de galletitas "Cristalitas" que estaba parado en la ruta por desperfectos mecánicos, había sido embestido por un ómnibus de turistas que se dirigía a los balnearios. Ubicar a los camarógrafos y reporteros gráficos a determinada distancia -ni un metro más, ni un metro menos-, detrás de una cinta policial, no fue producto de ningún protocolo de procedimientos, ni de la casualidad. Fue la ocurrencia espontánea de Félix Stella, jefe de publicidad de "Cristalitas", quien, mediante un paquete de incentivos económicos, logró que el personal policial, los cámaras y los fotógrafos hicieran su trabajo de tal manera que la marca impresa en el camión accidentado, se exhibiera la mayor cantidad de veces por minuto, durante todo el día. Paradójicamente, subieron las ventas.
-Debería aprender de la creatividad de Stella -le recriminó el dueño de la empresa a Leo Ortiz, quien competia para ocupar el puesto de jefe-. Es más, -subrayó el patrón- éste mes pienso aumentarle el sueldo por sus méritos.
Un mes despues, un camión de "Cristalitas" sufre otro accidente. Tras perder el control, al doblar en una curva, el vehículo volcó, dando de lleno contra la salida de un shopping.
Otra vez, tapa de noticias.
-Alli está Stella haciendo su magia -se burló el dueño, mirando a Ortiz, mientras se enteraban de las noticias por tv.
-Esta vez, el aumento de sueldo debería ser para mí. -respondió Ortiz.
-¿Acaso pretende adjudicarse méritos ajenos? -se sorprendió el dueño.
-No, pero esta vez las ventas subirán más por mi influencia
que por la de Stella. ¿O quién cree usted que mandó a aflojar los frenos del camión?