miércoles, 1 de enero de 2020

"La roca de miedo".

Faltaba un minuto para las ocho en punto.
Ese era el tiempo que lo separaba de saltar al abismo y ahogarse en el océano del miedo; o quedarse suspendido en el aire, comenzar a mover las alas y volar hacia el país de la libertad.
El minuto se extinguía y ya no quedaba tiempo para volver atrás.
Guillermo cerró los ojos y un escalofrío recorrió su cuerpo que, de repente, se vio sumergido en una atmósfera de desamparo.
A lo lejos, se alejaba el vehículo de la compañía donde trabajaba y que todos los días, a las ocho, lo pasaba a buscar.
Pero esta vez -y por su propia decisión- el transporte llegaría a la empresa con un empleado menos.
Alguna vez se le ocurrió pensar que cuando estuviese mejor entrenado en esto de ser determinado, seguramente, iba a tomar las mejores decisiones de su vida.
Pero ese día no llegaba nunca.
Así que tuvo que elegir.
Desprovisto de coraje.
Y a las ocho y un minuto, Guillermo ya había elegido.
Después de todo, cualquier esfuerzo que le permitiera darles una mejor calidad de vida a su esposa y a su pequeña hija, bien valía la pena asumir los riesgos.
- Hola ¿Paula?
- ¡Hola Guille! ¡Qué sorpresa escucharte!
- Quería contarte que tomé una decisión y mi respuesta es "sí".
Así que estaremos viajando a Bariloche la semana que viene.
- ¡Felicitaciones Guille! ¡Los esperamos!
Y aunque las cosas no fueron tan sencillas al principio, el emprendimiento de Guillermo en Bariloche, poco a poco, empezó a dar sus frutos.
Descubrió que para ser determinado y tomar las mejores decisiones es necesario estar "determinado a empezar", aunque uno nunca esté totalmente preparado para hacerlo. Que el miedo es una gran roca de hielo en la espalda que se disuelve con el calor de la marcha. Que el amor a su compañera y a su hija es un motor imparable. Y que el poder no está en el que tiene la fuerza, sino en aquel que cree, con absoluta fe, que la tiene.